Las aguas superficiales son las aguas que circulan sobre la superficie del suelo. El agua superficial se produce por la escorrentía generada a partir de las precipitaciones o por el afloramiento de aguas subterráneas. Una vez producida, el agua superficial sigue el camino que le ofrece menor resistencia pudiéndose presentar en forma correntosa, como en el caso de ríos y arroyos, o quietas si se trata de lagos o embalses.

La calidad de los ríos y arroyos, varía de acuerdo a los caudales estacionales y puede cambiar significativamente a causa de las precipitaciones y vertidos que recibe. Los lagos y embalses presentan, en general, menor cantidad de sedimentos que los ríos, sin embargo están sujetos a mayores impactos desde el punto de vista de actividad microbiológica.

A fin de garantizar la protección de las aguas y promover un uso sostenible que asegure la disponibilidad del recurso natural a largo plazo, Adasa ha desarrollado una serie de equipos que persiguen dicho objetivo, pudiendo ser implantados de forma individual, o bien integrados en estaciones o redes de alerta y control de calidad de las aguas. En función de la sensibilidad ambiental y las características del medio, resulta interesante analizar determinados parámetros físico-químicos y/o sustancias potencialmente contaminantes, lo cual conlleva a decidir qué productos son los que satisfacen las necesidades en cada situación.